Tecnología en la educación

por Diana Canella de Luna

Almacenar, procesar y difundir información es ahora parte de nuestra vida diaria gracias a la tecnología de la información y comunicación. En los últimos años hemos experimentado muchos cambios en la forma en que buscamos información, la compartimos y nos comunicamos, al punto que nuestra vida diaria y nuestro trabajo se han transformado. Ahora se habla de movilidad, de Internet inalámbrico, con el cual desde un dispositivo móvil accedemos a la información, música, fotografía digital, correo electrónico, salones de conferencias, y otros. Ahora ya no necesitamos llevar nuestros propios contenidos dentro de la memoria de un dispositivo sino que pueden estar almacenados en la nube lo que multiplica las posibilidades y cantidades de información disponible.

Considerando todos estos cambios que han evolucionado nuestra forma de aprender y comunicarnos, es importante preguntarnos si los estamos llevando y aprovechando en el sector de educación pública en nuestro país. La respuesta es sí, pero aún falta cobertura. Gracias a algunos proyectos del Ministerio de Educación, así como a través de alianzas y donaciones de organismos internacionales y organizaciones locales algunas escuelas del país cuentan con internet y recursos tecnológicos que han cambiado la forma en que se enseña y aprende en la escuela. Los niños de estas escuelas reciben mayor estimulación, motivación y mejor formación de los que no tienen acceso a la tecnología. La combinación de tecnología y contenidos apropiados, pertinentes y relevantes ayuda a los docentes a liberar el potencial de sus estudiantes ya que permite centrar la educación en el estudiante y no en el contenido. Esto significa que cada alumno aprende más y mejor ya que el proceso de enseñanza-aprendizaje puede adaptarse a sus necesidades individuales.

 Sin embargo, aún hay muchas escuelas que se rigen por el modelo educativo tradicional donde los alumnos sentados en pupitres ordenados en filas reciben la información que les brinda el maestro. Si a este modelo de industria escolar le sumamos que se carece de libros, podemos imaginar que lo que los alumnos serán capaces de aprender tendrá como techo la preparación y conocimientos que posee el docente.

En esta era de la información debemos replantearnos el rol del profesor, este ya no debe ser el depositario del conocimiento que debe impartir a los alumnos sino debe convertirse en el facilitador y guía para un conocimiento compartido para que los niños y jóvenes, utilizando las herramientas tecnológicas, puedan desarrollar destrezas y habilidades que combinadas con el acceso a la información les preparen para asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje y les abra las puertas para alcanzar su potencial real y no conformarse con el actual.

En Guatemala no hemos sido capaces de mejorar los indicadores en la última década y si continuamos con nuestro modelo educativo, dentro de 10 años seguiremos preguntándonos por qué no mejoramos. Solo 6 de 10 alumnos que entran a primaria la terminan y el número de alumnos que continúan estudiando el nivel medio es bajo. Una de las mejores herramientas para combatir la deserción escolar es una buena motivación. La respuesta está en la tecnología, que vendría a ser un complemento al trabajo de los docentes, a la vez que se realizan programas de actualización y profesionalización para contribuir a preparar a los maestros para los nuevos retos.

La introducción de la tecnología en las escuelas como una herramienta para el aprendizaje puede hacerse de muchas formas, con laboratorios donde los alumnos acceden a información e investigan, con computadoras portátiles o tabletas que les permitan trabajar con contenidos del grado previamente instalados, y siendo la mejor y más completa opción que posean acceso a Internet para no solo tener acceso a tantos contenidos, sino permitir que los alumnos se comuniquen con el maestro, entre ellos o con estudiantes de otras escuelas o inclusive de otro país formando comunidades de aprendizaje global. Los alumnos con acceso a herramientas tecnológicas o digitales, pueden personalizar su aprendizaje, ya que podrán aprender a su ritmo y según sus intereses. Adicionalmente estarán desarrollando las destrezas tecnológicas que les serán muy útiles cuando se inserten al mundo laboral. Además a los que son curiosos se les abre nuevas oportunidades de aprendizaje, así como el estudio de un segundo o tercer idioma, según sea el caso.

Lo que necesitamos es atrevernos a llevar a cabo una innovación disruptiva en las aulas, como lo menciona Clayton Christensen en su libro “Disrupting Class”. Si lográramos hacer este paso con una estrategia país, de llevar los contenidos al aula introduciendo tecnología e Internet no solo se lograría ese rompimiento en la forma de formar a la niñez sino que esta nueva plataforma tecnológica serviría para brindar la profesionalización a los docentes en servicio, capacitar a directores y docentes en diferentes especializaciones, sería una plataforma rápida y eficaz de comunicación con todos los docentes, se podrían llevar exámenes y evaluaciones en línea, los docentes tendrían acceso a información que podría estar en el portal del Mineduc o en cualquier país del mundo. Se pueden crear redes de comunicación entre los docentes de Guatemala y con el resto de Latinoamérica que ayuden a compartir mejores prácticas, ideas e innovaciones. Las ventajas son múltiples pero sobretodo estaríamos formando a la niñez guatemalteca con los mejores contenidos de forma divertida y preparándolos para enfrentarse a un mundo globalizado con éxito.

La motivación del estudiante es la base para un aprendizaje eficaz y más aún para un aprendizaje para toda la vida.  Esta estrategia educativa del país debe trazarse como una estrategia atractiva que demuestre los ahorros en recursos, beneficios, cambios positivos, adelantos y mejoras en la calidad de la educación que serán posibles en este proyecto que sea apoyado por todos los sectores ya que la educación es responsabilidad de todos.