CALIDAD EDUCATIVA

por Jacqueline de De León

Guatemala es un país de contrastes, que los indicadores nos sitúan como un país alejado del desarrollo humano. Debemos soñar y pensar que estas limitaciones y deficiencias en el acceso a ingresos y recursos, en el disfrute de derechos básicos y en restricciones a las opciones personales o grupales para prosperar  quedarían en el olvido si invirtiéramos en educación. Sólo el fortalecimiento de la educación sienta las bases sólidas sobre las cuales se puede construir la solución al resto de los problemas sociales de una nación. Si aspiramos a crear una sociedad más justa, equitativa y desarrollada, debemos entender que el eje central lo debe constituir la educación. La formación del capital humano se constituye en el objetivo fundamental que todo país que se precie de ser civilizado debe llevar a cabo.

Un aspecto fundamental para Guatemala es definir un proyecto de país, donde la educación sea un subsistema del sistema social y responda a esta concepción. Debemos concebir la educación como un proyecto a largo plazo y no como un proyecto de gobierno.

Nuestra sociedad requiere que las personas estén conscientes y bien informadas de sus responsabilidades, que sean creativas y que estén abiertas al cambio. Las transformaciones aceleradas que se dan en la sociedad exigen que las personas desarrollen un sistema de valores, un conjunto de competencias que les permitan lograr su proyecto de vida y comprometerse con el de su sociedad.

La escuela, como un instrumento de esa sociedad, debe abrir las posibilidades para que las personas tengan una formación integral. Debe promover la formación de personas éticas que piensan, razonan, evalúan y resuelvan problemas. Todo esto con el desarrollo de un pensamiento reflexivo, con capacidad de observación, inventiva y la posibilidad de dar respuestas rápidas y pertinentes.

El sistema educativo debe constituir la instancia decisiva por ser la base del desarrollo del país, deberá generar y difundir el conocimiento en la sociedad. Los indicadores de analfabetismo, repitencia, cobertura, deserción, entre otros, nos obliga a proponer cambios radicales en el sistema educativo. El país reclama transformaciones profundas en nuestra educación. Los requerimientos para una convivencia democrática y una mejor calidad de vida también lo exigen. La resolución de la problemática de la pobreza demanda del concurso de la educación. Se necesita más capital humano para tener una mejor calidad de vida.

El país debe responder con oportunidad y efectividad a las exigencias de las sociedades del siglo XXI y asegurar un futuro promisorio para las nuevas generaciones. En los últimos años parece haberse agudizado la crisis que desde hace tiempo atraviesa el sistema educativo guatemalteco con manifestaciones en la falta de equidad, relevancia y pertinencia. UNESCO define calidad educativa como “La calidad de la educación en tanto derecho fundamental, además de ser eficaz y eficiente, debe respetar las demandas de todas las personas, ser relevante, pertinente y equitativa. Ejercer el derecho a la educación es esencial para desarrollar la personalidad e implementar los otros derechos.” En estas circunstancias es imperativo plantearse objetivos de cambio con el fin de elevar la calidad, y lograr una mayor equidad en la distribución del saber y del conocimiento. La idea de equidad impone compensar las dificultades con atención a las diferentes demandas de los destinatarios del servicio educativo. Es necesario contextualizar la educación, es decir se debe brindar un servicio que se adecúe a los requerimientos de la realidad en la que se desarrolla el proceso educativo.

El proceso educativo requiere mejorar la cobertura y la calidad de la educación, de forma tal que las generaciones venideras estén en condiciones de responder a las demandas sociales, políticas, económicas, culturales, ambientales y espirituales. Promover la educación para la gestión participativa y fomentar la organización y funcionamiento de estructuras participativas son acciones necesarias para llevar a cabo la reforma educativa. Deberá promulgarse y divulgar una estructura jurídica que viabilice la gestión participativa. Asegurarse la participación de todos los sectores involucrados en el proceso educativo es de suma importancia. Es indispensable ampliar la cobertura para lograr equidad en la oferta, asignándole los recursos necesarios de manera que esta oferta sea cuantitativa y cualitativamente adecuada y asegure el derecho humano a la educación. En la última década se ha ido logrando un consenso entre los diversos sectores de la sociedad guatemalteca en cuanto a que la inversión en educación vale la pena. En nuestro país no se ha privilegiado la inversión en educación, se ha destinado menos recursos a este sector que la mayoría de los países latinoamericanos. Los países que han invertido en educación han alcanzado mayores niveles de productividad y gozan de una mejor calidad de vida. No podemos olvidar que el sistema debe verse integralmente, un país que no atiende al nivel medio no tendrá recurso humano calificado y preparado que realice el trabajo intermedio y el país que no invierte en el nivel superior estará condenado a no llevar a cabo procesos de investigación ni de generación de conocimiento y está destinado a consumir el conocimiento que se produce en otros países.

Además de plantear cambios profundos, es necesario tener la flexibilidad suficiente para permitir la incorporación de nuevos componentes que respondan a las necesidades cambiantes y de acciones de modernización que generen nuevas modalidades de provisión de servicios, de transferencia de más capacidad de gestión a las escuelas y un mayor involucramiento de las comunidades en los planes educativos. Es indispensable reforzar la organización y participación local en la toma de decisiones para que el proceso de descentralización educativa se realice con gestión participativa.

Debe reconocerse que lo social, lo cultural, lo político y lo económico operan como factores condicionantes de las prácticas pedagógicas y que el proceso de enseñanza aprendizaje no se da en un vacío social, sino que entraña una situación de interacción por una multiplicidad de factores. Orientar la educación rural y urbana marginal dentro de una política de desarrollo global que mejore la calidad de vida de esta población es un imperativo.

El escenario actual, que se caracteriza por el rápido avance de la ciencia y la tecnología, el acceso a la información y la interdependencia creciente de las naciones en todos los órdenes, genera retos y ofrece oportunidades al desarrollo de los países y a la integración de los pueblos. Es un imperativo que
el uso de la tecnología sea incorporado al currículo.

Los docentes están obligados a cumplir una función muy importante, desempeñar un papel fundamental en el proceso de mediación del saber y del conocimiento y debe constituirse en el responsable de adecuar el proyecto educativo a  la realidad de su comunidad, escuela y su aula. Es urgente la revalorización de la profesión docente. Los maestros deben creer y sentir que la tarea que llevan a cabo tiene una gran significación social para ellos y para los demás. Los docentes se convierten en agentes activos y decisores, que deben poseer una actitud positiva hacia el cambio, el aprendizaje permanente y las innovaciones educativas. La situación laboral de los maestros necesita ser modificada y su proceso de formación debe ser encomendado a las universidades, pero éstas a su vez deben adecuar su servicio a las demandas de la sociedad y asegurar la cantidad y calidad de los egresados. Urge el desarrollo de estrategias de mejoramiento del docente, orientadas a su formación inicial y a su educación permanente.

Las sociedades modernas se sustentan cada vez en mayor medida en la sólida formación de las personas que las integran para alcanzar un desarrollo personal y social sostenido. La vida moderna impone la necesidad de que los procesos de aprendizaje no se circunscriban a la formación inicial de las personas sino que se extiendan a lo largo de la vida. Esto sin duda representan un reto de gran envergadura por el elevado nivel de avance tecnológico y acceso generalizado a la información que supone, pero, sobre todo, por lo que significa a toda la población la formación y los elementos de aprendizaje continuo que reclaman los nuevos tiempos.

La calidad del sistema debe mejorarse. No es suficiente hacer un esfuerzo para llevar educación a todos, debemos obtener los aprendizajes relevantes, los estudiantes deben progresar adecuadamente en el sistema. El esfuerzo vale la pena solamente si se logra que la inversión en educación efectivamente se traduzca en desarrollo comunitario, en el fortalecimiento de la democracia y en el mejoramiento de la calidad de vida de la población. El desarrollo de Guatemala es un reflejo de la calidad educativa. El sistema educativo debe evaluarse. Sin evaluación educativa no puede haber calidad de la educación. La evaluación por sí sola únicamente consigue dimensionar un fenómeno. No brinda explicaciones de lo que está causando ni su magnitud ni las diferencias entre personas, escuelas, zonas, grupos étnicos o clases sociales. Con el fin de explicar estas diferencias, para formular hipótesis más fundamentadas sobre sus causas, es necesario que se realice investigación evaluativa, cuyo propósito precisamente es explicar. Es necesario que la evaluación se vincule con la planeación. Es necesario que la evaluación pueda responder a la pregunta acerca de sí la política educativa relacionada con la calidad y la equidad está logrando resultados. Asimismo es imperativo que los tomadores de decisiones usen la información que proporciona la investigación evaluativa. Es necesario que se haga pública la información y los resultados de la investigación evaluativa.

Los déficits plantean un reto a la creatividad de quienes administran los servicios educativos, ya que deben proponer programas suplementarios o complementarios. No sólo se necesitan más escuelas, sino también fijar con claridad y precisión el papel de la escuela como agencia de cambio y de desarrollo de la comunidad.

Guatemala es un país multilingüe y pluricultural, por lo que es necesario promover la investigación intercultural, como insumo para mejorar el modelo de educación bilingüe intercultural. Es indispensable fortalecer el concepto de educación bilingüe intercultural así como redefinir el sistema educativo  guatemalteco, para que permita la creación de un modelo pluricultural, multilingüe y multiétnico que responda a las condiciones del país y que éste se incluya en el marco del proyecto de nación.

La educación debe favorecer la creatividad, la tolerancia, la solidaridad y la participación responsable en el proyecto de país. La educación constituye la mejor inversión en cuanto a la promoción social. Las inversiones en educación son impostergables si se desea preparar a las nuevas generaciones para que participen positivamente en las acciones que permiten alcanzar el desarrollo, aunque son de recuperación y beneficio tardío, El mejoramiento de vida de las personas se convierte en la meta fundamental que Guatemala debe llevar a cabo. De lo contrario no podríamos entrar con dignidad en el concierto de las naciones del mundo. Alcanzar una educación de calidad para todos es un asunto que compete a la sociedad en su conjunto.